Filosofía de La Petenera

Es en esencia uno de los palos más misteriosos del frondoso árbol flamenco. Rodeada de una aureola de misterio.

La Petenera

La Petenera es en esencia uno de los palos más misteriosos del frondoso árbol flamenco. Rodeada de una aureola de misterio, como aquella mujer que dicen que le puso nombre, Dolores la Petenera, la leyenda y el mito son ya parte de su propia historia. No son pocos los investigadores que han postulado diferentes teorías sobre sus orígenes, si bien parece imponerse la corriente dominante que apuesta por la maternidad de Paterna de Rivera y da por bueno el sobrenombre de Cuna de la Petenera.

El primer estudioso en alegar el origen paternero de la Petenera fue Antonio Machado y Álvarez, “Demófilo”, que en su Colección de Cantes Flamencos, publicado en 1881, así lo postulaba a partir del testimonio del cantaor jerezano Juanelo, quien fuera fuente primordial para la elaboración del primer estudio concienzudo sobre el Flamenco. Refuerza la misma teoría años más tarde Rodríguez Marín, contemporáneo y amigo del padre de los Machado, quien también hace referencia a la magistral intérprete conocida por Petenera, pero sin llegar a dar su nombre de pila.

Varios autores defienden, con variaciones geográficas, que el origen habría que buscarlo allende las Américas. Unos dicen que Cuba, otros, Santo Domingo, y hasta hay quien la sitúa en Guatemala, en una región llamada El Petén, de la que tomaría su nombre. Hay también quienes postulan que la Petenera hunde sus raíces en la tradición lírica, trazando lazos con cantares de juglaría, cancioneros populares y romanceros.

Un último conjunto de teorías le otorga un comienzo religioso. Existen diferencias entre los que lo consignan como un canto sefaradí, gregoriano e incluso cristiano, como Caffarena, quien defiende que las peteneras al igual que las saetas tienen su origen en la primitiva música religiosa de la cristiandad, que al pasar por el tamiz flamenco de los gitanos devino cante tal y como nos ha llegado hasta nuestros días.

Entroncando con las teorías de origen religioso, Marcos Ramos Romero, autor del libro Paterna de Rivera, apunta que en Paterna en el septenario de Dolores y los cultos a la Virgen de la Soledad se cantaba una copla responso de exquisita dulzura y melancolía. Según el escritor, esta fue la simiente que tornó fruto con la petenera, ese cante emotivo y apenado que hizo suyo la fatalista Dolores la Petenera, cuya simbólica efigie preside un espacio eminente de Paterna, en su reconocimiento, honor y memoria.